← Volver al inicioAUTISMO · UN LUGAR DONDE RESPIRAR

Hoy no tienes que entenderlo todo.

Laura abrazando a Hugo mientras sonríen juntos
Hugo y yoAntes que cualquier diagnóstico, sigue estando la persona.

Los miedos, los nervios y el no saber pueden ocuparlo todo. Aquí puedes parar un momento. No necesitas tener ya las respuestas, acertar siempre ni saber cuál será el siguiente paso. Este espacio quiere acogerte sin juicios y recordarte que no tienes que recorrer el camino a solas.

NUESTRA EXPERIENCIA · SIN FILTROS

El día que dije:
«Mi hijo es autista».

No fue una sucesión ordenada de pasos. Eran señales, intuiciones, preguntas y emociones ocurriendo todas a la vez.

Ilustración de Hugo riendo en su andador, rodeado de colores pastel
EN EL CENTRO DE TODO

Hugo seguía siendo Hugo.

El diagnóstico no vino a cambiarlo. Vino a ayudarnos a comprender su manera de sentir, comunicarse y estar en el mundo.

LO QUE VEÍAMOS

Había señales que no sabíamos ordenar.

Cuando Hugo era pequeño, su manera de jugar era diferente: era muy estricto con sus juegos, apenas miraba a los ojos, buscaba poco el contacto y casi no se relacionaba con otros niños.

LO QUE SENTÍAMOS

Reconocerlo en tu hijo es diferente.

Sonia y yo somos educadoras y ya habíamos acompañado a otros niños con rasgos parecidos. Lo hablábamos entre nosotras, pero verlo en tu propio hijo es mucho más difícil. Un día colocó las muñecas de su hermana en fila junto a las puertas, dejando visible solo un ojo de cada una, y las contempló desde el comedor. Entonces lo dije: «Mi hijo es autista».

LO QUE NECESITÁBAMOS

Que nos escucharan.

Evaluarlo no fue fácil. Era sordo, tenía parálisis cerebral y no utilizaba lenguaje oral. Nos decían que algunos rasgos podían confundirse con la sordera. Pero no buscábamos una etiqueta: necesitábamos comprenderlo, ayudarle y conseguir los apoyos adecuados. Nuestra neurorehabilitadora terminó derivándonos a la psicóloga del hospital.

LO QUE APRENDIMOS

El diagnóstico fue un comienzo.

Saber que Hugo tenía autismo grado 3 nos tranquilizó porque, por fin, aquello tenía un nombre. Después comenzó un camino turbulento, lleno de miedos, preguntas y aprendizajes. Conocemos a nuestros hijos como nadie, pero también necesitamos aprender que no siempre sienten, piensan o reaccionan como nosotros.

Comprender su mundo no hizo desaparecer las dificultades, pero nos enseñó a acompañarlo desde otro lugar.
UNA VERDAD DE NUESTRA FAMILIA

Comprendimos que no eran rabietas.

Eran crisis. Había situaciones que escapaban de sus manos y de su cabeza. Hugo se golpeaba y se hacía daño; yo, incapaz de quedarme mirando, me ponía en medio y recibía los golpes. Cuando todo pasaba, él lloraba. Y, mientras intentábamos sostenerle, también estaba Claudia, viviendo y sufriendo una realidad que nunca debemos olvidar.

Fueron meses, incluso años, muy duros. He llorado mucho. Porque Hugo no vive solamente con el autismo: también le acompañan la parálisis cerebral y la sordera. Necesita una atención casi constante, pero yo soy madre de tres hijos. Claudia y Noa también me necesitan. Esta es una de las verdades más difíciles de nuestra familia: amar a los tres con todo lo que soy y sentir, aun así, que a veces no puedo llegar a todo.

PASO A PASO

Caminar juntos

Terapias, colegio, comunicación, rutinas y decisiones que a veces abruman. Compartiré nuestra experiencia, no como una receta, sino como una mano cercana en el camino.

APRENDER EN COMUNIDAD

Tu experiencia también importa

Quiero escuchar a quienes acaban de llegar y aprender de quienes llevan más recorrido. Cada familia conoce una parte del camino que puede ayudar a otra a sentirse un poco menos sola.

RED DE APOYO

Pedir ayuda también es cuidar

Las familias podemos acompañarnos, pero los profesionales también son necesarios. Construir una red de confianza permite avanzar con más calma y tomar decisiones informadas.

Detrás del ruido, de los miedos y de todo aquello que a veces ni tu peque puede explicar, sigue estando quien siempre ha sido: ese niño o esa niña que te mira sin condiciones y cuyos besos y abrazos, cuando llegan, pueden salvarte el día… y a veces un poco la vida.
TE LEO

¿Cómo estás de verdad?

Puedes escribir lo que hoy te pesa, lo que te duele o eso que todavía no sabes cómo explicar. No necesitas ordenarlo ni encontrar las palabras perfectas. Escríbelo como te salga. Yo te leo.

Quiero contártelo

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